Yo, Robot. O cómo un mal trabajo de marketing puede acabar con una película

Hace días que vengo siguiendo la polémica que “Yo, Robot” ha desencadenado en los Estados Unidos entre las filas de amantes de la Ciencia Ficción. Pero me he negado a escribir acerca de ello, hasta que he podido ver la película y he podido juzgar por mí misma, y discernir si “Yo, Robot” de Alex Proyas, atenta o no, contra la memoria de Isaac Asimov.

Y lo cierto es que no. Aunque si sólo te guías por el tráiler de la película podrías pensar que así es… y el tráiler es justamente lo que ha desencadenado las iras de los lectores de Asimov.

Y es que esta vez se han lucido con la promoción de la película!!
Vaya porquería!!

Apuesto a que los creadores de la campaña de promoción ni se habían mirado la película, ni se habían leído ninguno de los libros de Asimov.

Hasta puedo imaginar al equipo que prepara la campaña…
“A ver… qué tenemos…  Will Smith + Ciencia Ficción + verano… OK… veamos… ¿cuál es el argumento?… robots amenazan humanos… polis contra robots… vale venga… hagamos un tráiler con algunas imágenes espectaculares de robots contra humanos,… Asimov?… ummm… hagamos unos panfletos con las Tres Leyes de la Robótica (pero agregando una coletilla tipo “son perfectas hasta que algo falla”)… vale… ya está… ¿El siguiente por favor?”.

Total, que tras los tráilers y los panfletos (que en España también han sido distribuidos), empezó todo un movimiento a través de Internet, para boicotear la película y solicitar a todos los amantes de la Ciencia Ficción la no asistencia a los cines para ver el film de Proyas.

Cuando vi el tráiler por primera vez, mi reacción inmediata y sanguínea, también fue la de “acordarme de los muertos” del señor Proyas, por haber utilizado el universo de la serie de los robots, a la entrañable Dra. Susan Calvin y a las 3 leyes de la robótica y al nombre de Asimov, para promover un film, que claramente (a juzgar por los tráilers) atentaba contra la memoria de Asimov. Lo que Asimov en realidad, en todos sus libros transmite acerca de los robots, no es otra cosa que simpatía hacia estos seres que por su candidez y por su voluntad de servir a la humanidad, a veces se desvían del camino marcado y dan lugar a innumerables y divertidas situaciones paradójicas.

En el universo de Asimov, las tres leyes de la robótica tampoco son perfectas, de hecho, Asimov se inventa una Ley Cero en la novela “Robots e Imperio” (“Un robot no puede realizar ninguna acción, ni por inacción permitir que nadie la realice, que resulte perjudicial para la humanidad, aun cuando ello entre en conflicto con las otras tres Leyes.”), y hasta tenemos La Fundación, donde no hay robots… (al menos, que sus habitantes sepan…). Pero tras leer cualquiera de sus libros, en ningún caso tienes la sensación de que los robots son malos y que tienen que ser exterminados.

Una vez vista la película, te das cuenta de que si bien el “Yo, Robot” de Proyas no tiene nada que ver alguna de las 9 historias cortas que recoge el libro homónimo, el espíritu final de la historia tampoco está en contradicción con el espíritu de Asimov. Sólo es la campaña de promoción de la película la que debe ser quemada, no la película en sí.

Y definitivamente, “Yo, Robot” es una película que vale la pena ir a ver. Tiene unos efectos especiales apabullantes y tiene escenas que se recordarán durante tiempo (escena del almacén de robots, con robot +1 infiltrado, y escena con contenedores llenos de robots antiguos poniendo carita de “Gato_con_Botas_de_Shrek_2”). El film de Proyas también explora temas como las grandes corporaciones y sus políticas internas, la dependencia humana por todo lo que es tecnología y los prejuicios humanos ante lo desconocido.

Prefiero no explicar nada más acerca de la película para que el lector que aún no la haya visto pueda ir al cine y disfrutar con ella… aunque si ha visto el tráiler… mejor que se olvide de él y entre a la sala de proyección con la mente abierta.

(A cinco minutos del final, pregúntate quién es el asesino… a ver si aciertas :-) )

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